Estados Unidos, el país donde se puede sacar dinero del acontecimiento el más trivial.
Entre dos pelís, esta mañana, un hombre de cincuenta años (no nos ha divulgado su nombre) se perfiló en la pantalla de televisión con un tono suave y tranquilizador. Pronto, nos propuso llamar a un número de telefono, hábilmente enumerado, cuatro veces, que nos pondría en relación con un consejero especialista en legislación de accidentes... ¡de todos tipos!
En esta lista de la mala suerte figuran el ser atacado por animales domésticos (¿existen los insectos domésticos?), la quemadura de lengua en el restaurante (parece que hay hambre por aquí ¿es que no pueden esperar a que les enfríe la comida?), la caída de ventanas, etc.
Me pregunto si les podría sacar dinero a los vecinos por colarnos sus hormigas, o si una asociación de
siniestrados capilares tendría posibilidades de ganarle el juicio a una posible fuente de contaminación pelófoba.
¿?